lunes, 21 de abril de 2014

Aprendiendo a cuestionar nuestras creencias

Este vídeo se ha extendido por las redes sociales por el impacto que produce. El experimento se llevo a cabo en México al investigar la discriminación racial.






 
 
Podemos pensar que se está trabajando mucho por la integración, pero a la vista está que queda mucho trabajo por hacer.
 
 
Las creencias son aspectos de nuestro pensamiento que empiezan a formarse desde que somos muy pequeños.  En muchos casos estas creencias dan lugar a prejuicios que tienen el peligro de llevarnos a actuar de una determinada forma sin ni siquiera cuestionarlo.
 
 
Si por ejemplo en este caso yo tengo una creencia de que los “blanquitos” son más bonitos o más poderosos que los “morenos” me puede generar el prejuicio de que cuando vea a una persona “blanquita” daré por sentado que tiene un mayor estatus que una persona “morena” y actuar de manera que se cumpla mi predicción. Es decir tratando como si fuera superior a un “blanquito” y como si fuera inferior a un “moreno”.
 
 
 
Fíjense en el peligro que una creencia tan irracional puede generar y más si se mantiene desde que somos pequeños. Cuando un niño es pequeño recibe información de su entorno sin cuestionarla, podríamos decir que la “traga sin masticarla”. Obtiene de los modelos de su entorno esta información: familia, profesores y también de los medios de comunicación.  Por tanto es también responsabilidad de éstos el ayudarle a generar una capacidad crítica.
 
 
Nuestra cultura suele favorecer ciertos modelos de belleza y de poder que recibimos como buenos en muchos casos sin cuestionamiento. Esto ocurre en el caso de adultos con que no digamos en niños.
 
 
Este vídeo debe ayudarnos a preguntarnos, sobre todo si somos padres ¿qué información está “tragando” mi hijo? ¿Le ayudo a valorar que información es válida y cuál no?
Y como adultos ¿qué creencias he “tragado” cuando era pequeño? ¿Me afectan a la hora de relacionarme con el mundo?
 
 
Pensemos y actuemos en consecuencia.
 
 
 
 
 
 
Elena de Miguel
Psicóloga y coach

martes, 1 de abril de 2014

¿Estás satisfecho con tu vida?



Hoy os contaré una historia que escuché hace ya algún tiempo y estoy segura de que no os dejará indiferentes, como a mí en su día no lo hizo:
 
 
  


 

 
Dos monjes que dedicaron toda su vida a servir a la comunidad hicieron una vez 40 días de ayuno y penitencia.
Tras este duro periodo se les apareció un ángel y a los dos les dio el don de conocer el día de su muerte.
 
 
El primer monje decidió prepararse para la muerte y tomó algunas tablas. Con ellas construyó un ataúd y cargó con él a todos los sitios para que la muerte no le pillara de improviso. Por la noche se metía en él y se enterraba bajo tierra y así continuo hasta el día de su muerte.
 
 
El otro monje decidió aprovechar los días que le quedaban y considerando que ya estaba preparado para vivir con los demás se fue a la ciudad. Reunió a todos los suyos y les dijo “me queda poco de vida y quiero que disfrutemos juntos”.  Vivió junto a sus amigos y su familia. Les hizo todo el bien que pudo y aunque estaba triste porque sabía que iba a morir, se esforzaba en que tanto su vida como la de los demás fueran lo más felices posible.
 
 
Finalmente llegó el día del juicio y ambos monjes subieron al cielo. El ángel que les había revelado el día de su muerte, les recibió y les dijo: “se os reveló el día de vuestra muerte porque habíais sido buenos y para que aprovecharais los días que os quedaban disfrutando de vuestra vida. Por tanto a partir de ahora seguiréis haciendo lo que más os ha gustado, es decir, lo que habéis hecho estos días”.
 
 
 
 
Cuando uno lee esta historia por primera vez se queda un rato pensando…
 
 
 
Muchos a los que cuento esta historia se identifican con ese monje que decide cuidarse de los peligros y pasa toda su vida previniendo “por si”….en este caso la muerte, pero en otros casos puede ser una enfermedad, puede ser evitar mantener relaciones de pareja por si les hacen daño, en definitiva dedican su vida a luchar para que lo malo que les suceda no les pille desprevenidos.
 
 
 
Esta lucha que se observa muy bien en esta historia tiene un resultado infructuoso, la muerte llega igual para ambos y mientras uno a pesar de que sabía que el final llegaría dedica aprovechar el tiempo que le queda, el otro decide evitar todo peligro apartándose del mundo y de lo que más le gusta.
 
 
 
Imaginemos que como en la historia llegara el final de nuestros días y el mismo ángel de esta historia viniera a visitarnos y nos dijera que después de nuestra muerte vamos a seguir haciendo lo mismo que hemos hecho hasta ahora.
 
¿Estaríamos satisfechos? ¿O habría algo que nos gustaría hacer o dedicar más tiempo?
 
 
 
 
Sin duda el mensaje de esta historia es muy profundo. A veces la vida de una forma u otra nos da este mismo mensaje, pero no le hacemos mucho caso.
 
 
Hoy mi intención con esta historia es darte un toque, para que reflexiones, para decirte que estás a tiempo, que todavía hay muchas cosas que puedes hacer a pesar del dolor, a pesar del miedo y a pesar de que muchas cosas en la vida no están bajo nuestro control.
Decirte hoy que hagas como el segundo monje que hagas todo aquello que el día de mañana te haga sentir satisfecho de la vida que viviste.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Elena de Miguel
 
Psicóloga y coach